Alucinaciones de la IA: por qué inventa respuestas y por qué ninguna plataforma es totalmente infalible


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La inteligencia artificial ya redacta correos, resume documentos, responde dudas técnicas e incluso ayuda a buscar información en la web. El problema es que esa misma fluidez que la vuelve útil también puede hacerla peligrosa: cuando falla, muchas veces no lo hace con dudas, sino con absoluta seguridad. A eso se le conoce como alucinaciones de la IA, un fenómeno que se ha convertido en uno de los mayores retos de los modelos de lenguaje modernos.

En las últimas semanas, el tema volvió al centro de la conversación por artículos periodísticos que cuestionan tanto el modelo económico de los chatbots como la forma en que medimos su fiabilidad. Pero el debate ya no es solo teórico. La preocupación se ha extendido a medios, empresas, despachos jurídicos y usuarios comunes que empiezan a descubrir algo incómodo: una respuesta convincente no siempre es una respuesta correcta.


Qué son las alucinaciones de la IA

Cuando se habla de alucinaciones de la IA, no se trata de un error visual ni de una metáfora casual. El término describe situaciones en las que un modelo genera información falsa, inexistente o no sustentada, pero la presenta como si fuera verdadera. OpenAI define estas alucinaciones como afirmaciones plausibles pero falsas, mientras que medios recientes como Infobae las describen como respuestas incorrectas que aparentan seguridad.

Eso explica por qué el problema es tan delicado. Una IA no necesita sonar extraña para equivocarse; al contrario, muchas veces suena demasiado bien. Puede inventar una fecha, atribuir una cita a la persona equivocada, resumir un estudio que no dice eso o incluso citar una fuente inexistente. Desde fuera, el texto parece bien escrito. El fallo está en la veracidad.

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Por qué la inteligencia artificial “inventa” respuestas

Una de las explicaciones más importantes publicadas recientemente la dio OpenAI en 2025: los modelos de lenguaje tienden a alucinar porque los sistemas de entrenamiento y evaluación suelen premiar más el intento de responder que el reconocimiento honesto de la incertidumbre. En otras palabras, muchas pruebas castigan más un “no lo sé” que una respuesta equivocada, así que el modelo aprende a adivinar.

Eso ayuda a entender una paradoja clave de la IA generativa. Estas herramientas no “saben” las cosas como un experto humano. Predicen texto probable a partir de patrones. Cuando la información en su entrenamiento no basta, cuando la pregunta es ambigua o cuando el contexto es insuficiente, el sistema puede completar el vacío con una respuesta estadísticamente convincente, aunque no sea cierta.

La investigación científica también ha reforzado esta idea. Un artículo de Nature sobre detección de alucinaciones señala que los métodos actuales para fomentar veracidad mediante supervisión o refuerzo han sido solo parcialmente exitosos, y propone nuevas técnicas basadas en incertidumbre semántica para detectar un subconjunto de estas fallas. Eso importa porque confirma que el problema no está resuelto con “más entrenamiento” a secas.


La diferencia entre error, sesgo y alucinación

No todo fallo de un modelo es una alucinación. A veces se trata de un error de razonamiento, otras de un sesgo heredado de sus datos y otras de una respuesta desactualizada. La alucinación, en sentido estricto, ocurre cuando la IA fabrica o afirma algo sin sustento, como una referencia, un hecho o una conclusión que no está respaldada. El matiz es importante porque no todos los errores se corrigen de la misma forma.

Por eso también es un error pensar que basta con preguntar “¿estás seguro?” para resolverlo. Si el modelo no tiene un mecanismo fuerte de verificación, puede reafirmar la misma falsedad con otra redacción igual de persuasiva.


Por qué este problema importa más en 2026

El riesgo de las alucinaciones crece a medida que la IA sale del terreno experimental y entra en tareas cotidianas. Hoy se usa para estudiar, redactar informes, buscar antecedentes legales, resumir noticias, comparar productos y apoyar decisiones laborales. En ese contexto, una invención ya no es solo una curiosidad: puede convertirse en desinformación, pérdida de tiempo, mala praxis o daño reputacional.

Un ejemplo claro está en el ámbito legal. Reuters reportó el 16 de marzo de 2026 que una corte federal de apelaciones en Estados Unidos sancionó a dos abogados con 30 mil dólares tras encontrar más de dos docenas de citas falsas y tergiversaciones con señales de haber sido generadas por IA. Reuters también había documentado en 2025 que al menos siete casos en dos años ya habían derivado en cuestionamientos o sanciones por este tipo de errores.

El problema también toca al periodismo. El Reuters Institute encontró en su Digital News Report 2024 que existe incomodidad significativa ante noticias producidas mayoritariamente con IA: 52% de los encuestados en Estados Unidos y 63% en Reino Unido dijeron sentirse incómodos con ese escenario, especialmente en temas sensibles como política. Esa desconfianza no nace de la nada; está ligada al temor de que una herramienta fluida priorice velocidad sobre verificación.

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Qué modelos fallan más y por qué no existe una IA “infalible”

Aquí conviene frenar el entusiasmo de los titulares. No existe una única tabla universal que diga cuál IA “casi no falla” en todos los casos. Los resultados cambian según el benchmark, el tipo de tarea y la forma de medir la fiabilidad. Algunos exámenes premian precisión factual corta; otros miden grounding con documentos; otros castigan fuertemente las malas adivinanzas y recompensan abstenerse cuando no se sabe.

Por ejemplo, Google DeepMind informó en diciembre de 2025 que Gemini 3 Pro lideró su FACTS Benchmark Suite con una puntuación global de 68.8%, pero incluso el mejor modelo quedó por debajo de 70%, lo que deja “amplio margen de mejora”. Eso es importante: liderar una evaluación no equivale a haber resuelto el problema.

En otro frente, el benchmark AA-Omniscience de Artificial Analysis mide conocimiento y alucinación penalizando las malas respuestas y no castigando la abstención. Su propio resumen subraya que las debilidades de factualidad y calibración persisten en modelos de frontera y que el rendimiento varía por dominio. En otras palabras, un modelo puede verse muy fuerte en un contexto y mucho menos fiable en otro.

Incluso cuando un proveedor muestra mejoras reales, el cuadro sigue siendo relativo. El system card de GPT-5 de OpenAI reporta menores tasas de alucinación que modelos previos de la misma empresa en varias pruebas, especialmente con navegación activa. Pero ese mismo documento también muestra que el resultado depende del benchmark y del equilibrio entre contestar, abstenerse y equivocarse. En SimpleQA, por ejemplo, los números no cuentan solo “qué tanto sabe” un modelo, sino también cuánto se arriesga a responder cuando no debería.

Esto coincide con trabajos académicos como HalluLens, que mostraron un intercambio claro entre precisión y tasa de rechazo. En esa evaluación, Llama 3.1 405B logró una tasa de alucinación más baja cuando respondía, pero también rechazó muchas más preguntas; GPT-4o, en cambio, respondió más y obtuvo alta puntuación de respuestas correctas, aunque con una tasa de alucinación más elevada cuando no se abstenía. La lección es simple: comparar modelos sin mirar la metodología puede llevar a conclusiones engañosas.

Además, el paper SimpleQA Verified, publicado en marzo de 2026, corrigió limitaciones de un benchmark anterior y mostró que el liderazgo también cambia cuando mejora la calidad de la evaluación. En ese nuevo conjunto, Gemini 2.5 Pro obtuvo el mejor F1 de 55.6 y superó a otros modelos de frontera, incluido GPT-5. Eso no significa que uno sea perfecto y el otro malo; significa que la respuesta depende de qué se está midiendo exactamente.


Cómo reducir las alucinaciones al usar IA

La buena noticia es que el problema puede reducirse bastante con mejores prácticas. La primera es dejar de tratar al chatbot como una fuente final y empezar a usarlo como una herramienta de apoyo. Si te da una cifra, una cita, una fecha o una referencia legal, hay que comprobarla en la fuente original. Los casos judiciales recientes muestran que delegar esa verificación a la IA puede salir caro.

La segunda es proporcionar contexto. Benchmarks como FACTS Grounding se centran precisamente en medir si el modelo se mantiene fiel a la información que recibe. Cuando trabajas con un documento concreto, pegar el texto o adjuntar la fuente reduce el espacio para improvisaciones.

La tercera es pedir respuestas verificables. En vez de “explícame este tema”, funciona mejor algo como “resume este artículo y cita solo lo que aparezca en el texto”. Del mismo modo, conviene pedir que el modelo indique cuando no está seguro, en lugar de forzarlo a responder siempre.

La cuarta es no delegar decisiones críticas sin revisión humana. En salud, derecho, periodismo o finanzas, la IA puede acelerar trabajo, pero no debería ser la última palabra. La propia investigación reciente insiste en que la factualidad sigue siendo un reto abierto, no un problema ya resuelto.


Usar la IA con criterio, no con fe ciega

Las alucinaciones de la IA no son un detalle menor ni una moda pasajera. Son una limitación estructural de sistemas que generan lenguaje con enorme fluidez, pero que todavía no distinguen siempre entre lo probable y lo verdadero. La industria avanza, sí, y algunos modelos ya muestran mejoras claras en benchmarks concretos. Pero los datos más serios no apuntan a una herramienta perfecta, sino a un ecosistema donde la precisión mejora a distintas velocidades según la tarea, el contexto y la metodología de evaluación.

La mejor forma de aprovechar la IA en 2026 no es usarla con miedo, pero tampoco con ingenuidad. Lo razonable es verla como una asistente poderosa que necesita supervisión, contexto y contraste. Porque cuando una máquina puede equivocarse con tanta elocuencia, el pensamiento crítico deja de ser opcional y se vuelve parte del uso responsable.

Mira uno de nuestros artículos más recientes: Cultivos en Marte. https://miramultimedia.com/cultivos-en-marte-avances-que-acercan-la/


Fuentes

Artificial Analysis. (n.d.). AA-Omniscience: Knowledge and hallucination benchmark. Recuperado marzo 18, 2026, desde. https://artificialanalysis.ai/evaluations/omniscience

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Storchan, V. (2026, March 11). IA: el modelo económico de ChatGPT se basa en las alucinaciones. El Grand Continent. https://legrandcontinent.eu/es/2026/03/11/ia-el-modelo-economico-de-chatgpt-se-basa-en-las-alucinaciones/

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